Son las tres i seis minutos -madrugada- en mi ordenador, quizás tres minutos menos, quizás, más o menos.
He estado viendo a Verónica en un programa televisivo, una entrevista ilustrada con imágenes y canciones elegidas por la persona entrevistada.
Verónica, esa mujer risueña, aparentemente ingenua, aparentemente cualquier cosa más que tierna según algun*s, menos que inteligente para otr*s.
Verónica, esa mujer risueña, aparentemente ingenua, aparentemente cualquier cosa más que tierna según algun*s, menos que inteligente para otr*s.
Grande para mí, que a media botella de vino y con la lágrima dispuesta como siempre que el nivel del líquido baja, soy capaz de ver lo grande en los otr*s, en los demás.
Verónica, amada por todos los porretas del mundo por aquella peli, la de bajarse al moro, fumetas que aun le llevan una china al teatro porque la imaginan fumando incesantemente, y yo odio esa peli pero siempre me quedé con la verdadera bondad de Verónica antes que con la falsa ingenuidad de Aitana, y que a pesar de no gustarme (excítarme… ) me quedaría con el Echanove fumeta gordo y sudoroso antes que con el guaperas del Antoñito, y flipo.
Esa peli ya era la metáfora de quienes son todos ellos hoy (o de quien somos)... y me reconforta, como algunas otras veces, que no todas, creer que no erré, que mi elección era la buena, o al menos era la Mía.
Verónica no reniega de sus pequeños errores, esos tan fáciles de ocultar, casi casi los muestra y ríe cuando casi miente, pero ríe sabiendo que la cámara la ve y tú y yo también…
Verónica sabe qué es la memoria y el recuerdo, lo que es ponerse en el lugar de otr*s, contradecirse y mirar al horizonte y reír… es capaz de decir que Dylan o Ibáñez o Marisol son el paisaje de donde surge esa mujer que sonríe amagando la lágrima (amagar en català es otra cosa, es Esconder, pero ella amaga en castellano estricto, mostrando casi sin mostrar, no se esconde, no esconde…)
Verónica sabe qué es la memoria y el recuerdo, lo que es ponerse en el lugar de otr*s, contradecirse y mirar al horizonte y reír… es capaz de decir que Dylan o Ibáñez o Marisol son el paisaje de donde surge esa mujer que sonríe amagando la lágrima (amagar en català es otra cosa, es Esconder, pero ella amaga en castellano estricto, mostrando casi sin mostrar, no se esconde, no esconde…)
Gracias, Verónica, por destaparme la lágrima y no sentirme ridícula

1 comentaris:
Este escrito tiene la delicadeza de moverse en la frontera de dos lenguas y moverse con soltura, a sabiendas que desde un lado y otro, eso parece que no se es correcto. ¿Habrá que esconderse? ¿Alguien se esconde? Sólo escribirlo es un amago, ¿sólo? ¿con tilde o sin ella?
No es el primero que leo (ja, qué casualidad que la primera persona de ese verbo recuerde un deporte o un juego). Me ha gustado y como decía Verónica en un anuncio o un reclamo (como dicen en Portugal), "tenía que decirlo".
Besos y gracias por serguir ahí.
Manel
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