A los seis años me sacaron de mi pueblo de montaña para llevarme a uno de esos barrios periféricos en vías de desarrollo años 60...
Barrios construidos para la “inmigración interior” que crecieron a golpe de ladrillo y de cemento, de jornadas semanales que incluían sábados en el contrato, paga semanal y la tienda de comestibles que tiene que fiarte la compra hasta el día de cobro... el sábado.
La niña que fui recuerda sin demasiado detalle conversaciones sobre médicos del seguro, fármacos gratis, excesos de lo mismo e incluso intoxicaciones gracias a la automedicación.
Es un recuerdo –casi pareciera inventado– sobre el impacto del “nacimiento” de la seguridad social en la vida cotidiana, la salud y la educación de toda esa gente trabajadora, gente que nunca creyó que la factura del médico o esas recetas de medicinas “tan baratas” cuando las recogían en la farmacia ya estaban pagadas anticipadamente con el sudor semanal de sus frentes... Gente que tenía que ir al médico de pago para compulsar el diagnóstico del médico el seguro "que era gratis"...
Gente que decía, voy al de pago, que no es gratis, por lo tanto... debe ser bueno.
Tengo 56 años y pese al vértigo, esto que cuento está ahí guardado desde hace 50 años... más o menos.
Después, mucho más después, cuando ya había asimilado que fuese el médico bueno o malo, yo me curaba los resfriados con caldo de cebolla y zumo de limón..., empecé a oír la expresión de lo caro que le resulta a la SS el pago de las medicinas o lo carísimo que le iba a resultar a la administración sufragar las pensiones de los trabajadores en activo, acompañado de la expresión “los jóvenes tendrán que trabajar para los viejos”. Cada vez que oía semejante combinación de palabros, se me abrían las carnes, y abiertas siguen, e indignadas
Hace un año tuve que pasar por una baja larga y con curas ambulatorias diarias (cada dos o tres días) y tenía que hacerlas entre las tres y las cuatro. Cuando llegaba a la planta baja
del ambulatorio siempre había un grupito de personas maqueadas con pretensiones de elegancia profesional matizada por una cierta dejadez en forma de arrugas en las chaquetas y peinados algo “desgalichaos”. Pregunté a mi enfermera quienes eran esa manada de “buitres” y me confirmó tal cual que si, que lo eran, que eran los vendedores de las farmacéuticas y confirmó también mi impresión sobre el grupo animal al que pertenecían...
Vendedores de primicias, nada de genéricos, claro está, y ofertillas tales como viajes a tal o cual paraíso de playas y escorts, etc etc. etc. para medicos y demás... También me aclaró que no todos los médicos caían en el trapicheo. Y la creí, conozco a más de un* de los medic*s del ambulatorio y captas en seguida que clase de plumaje les corresponde.
El trato es indispensable para eso... pero honrados hayl*s, lo juro, tal cual Escarlata juró no volver a pasar hambre ni pasar por oficinas de caridades varias...
Más tarde, mis padres, ya bastante fastidiados de salud,aunque todavía pueden ir al ambulatorio me explicaron porque cada mes regalaban una caja de gelocatiles o de suero o de... tal o cual cosa a las vecinas o a mí o a M.
Me explicaron como funciona la receta de los crónicos y entendí qué significaba la escena de una señora mayor yendo con carrito a la farmacia a recoger un montón de "cosas "de las cuales probablemente usaría solo un par y parte de ella.
El negocio de las Farmacéuticas, de los médicos prevaricadores, de la ignorancia, de la comodidad, de más vale que zuzobre que zu farte... un gran negocio muy entretenido.
Hice algo de pedagogía con mi señora madre y ahora ya no acumula gelocatiles que no va a usar... y que la SS le paga a las farmacéuticas mientras el Dr. Talicual se baña en una playa de Santo Domingo sin pasar por más caja que la de seguir recetando y manteniendo el sistema de “crónicos” que gastan en euros lo que no consumen y acumulan o regalan a sus vecin*s o niet*s en el mejor de los casos.
Que está muy chuliguay pagar un eurito por receta, porque la pagarán los mismos de siempre, mientras se le pagan –y se les deben en algunos casos– facturas astronómicas a las Farmacéuticas (+intereses de demora y toa esa mierda) y a los despachos de las farmacias por el exceso de gasto que ELL*S mism*s, los grandes distribuidores potencian, generan y fuerzan... con sus recetas de crónicos, sus vacunas inservibles y sus mangoneos con el miedo de sus "clientes" fijos, obligados, indiscutibles.
Uno más de esos engaños