Jomateixa

Jomateixa
Yomisma

27 desembre 2011

Todas las guerras...

 
... son la misma guerra

Cuando te miro con desprecio, cuando me respondes sin mirar, cuando mi respuesta a tu ofensa excede la ofensa, cuando me ofendes sin pensar siquiera que existo, cuando intento ganarte a costa de que pierdas, cuando quieres convencerme de que pierda para que tú ganes, cuando digo que "si no lo hubiera hecho yo, otr* lo habría hecho...", cuando usas las emociones para mediatizar mis decisiones a tu favor, cuando me reclamas frialdad ante tus ataques porque mi dolor te culpabiliza, cuando acepto ese juego porque tengo miedo de lo que yo piense de mí misma después, cuando hago crecer la tragedia porque quiero eludir sus resultados en el fragor ruidoso de la derrota...
 Cuando nos posicionamos por encima del dolor ajeno sin querer saber de su daño, cuando seguimos diciendo que ell*s se lo habrán buscado, cuando nos posicionamos ferozmente sin querer creer que la única sangre que se puede derramar es la que nace de vivir y confundimos vencer con arrasar, cuando nos reímos de quienes no pelean por creerlos débiles, cuando defendemos a los grandes a costa de los pequeños, cuando no queremos saber que ser pequeño en un mundo de grandes exige toda la fortaleza de nuestra complicidad, cuando negamos la mano en nombre del guardarla para quien la merezca –que somos tod*s-, sin darnos cuenta de que tod*s la merecemos.
Cuando ante un conflicto buscamos en nuestro baúl oscuro todas las ofensas para ponerlas encima de la mesa olvidando los buenos momentos de las risas compartidas, cuando medimos al resto del mundo como no queremos que nos mida a nosotr*s, cuando no ponemos nuestra voluntad a trabajar en lo bueno y tiramos de pragamatismo de cosmopolitan, cuando negamos a l*s marginales su lugar y les acusamos de inadaptación, cuando....

y ese letargo...

15 desembre 2011

Edith Wharton

...el autor que se ha contentado varias veces con expresar su pensamiento de una manera aproximadamente agradable ha puesto un límite de una vez por todas a su talento, y nunca irá más allá.



de "Cómo contar un relato". Edith Wharton. 1862-1937, New York-Francia.

José J. de Olañeta, editor.

02 desembre 2011

¿la felicidad?



 Tal que cocinar unas sardinas en escabeche,
 
 mirar con deseo su azul de seda y plata

 mientras corre el agua

 y liberar sus escamas brillantes,

 después

 envolver su tersa piel desnuda

 en la harina blanca de los días en calma

 y freír las cebollas

 y añadir el laurel,

 amorosear en el fuego el condimento

 donde se desvelarán todos los aromas,

 verde, vinagre y sal yodada,

 y tiempo para que se aposente

 la certeza del sabor,

 limpiarse las manos de adherencias

 y engañar con perejil al ajo,

 dejar correr la sangre del mar,

 y sentarse ante la mesa

con la compañía escogida

y compartir el instante

de saborear el plato

su memoria atareada

y el brillo azul

del trabajo bien hecho.


Me preguntabas si cocino? o si me gusta cocinar? o si lo hago bien?
pues eso, que si, si i si... :P

dedicao a mi vecino de abajo...

25 novembre 2011

Un euro? sólo? O es un bucle?



A los seis años me sacaron de mi pueblo de montaña para llevarme a uno de esos barrios periféricos en vías de desarrollo años 60...
Barrios construidos para la “inmigración interior” que crecieron a golpe de ladrillo y de cemento, de jornadas semanales que incluían sábados en el contrato, paga semanal y la tienda de comestibles que tiene que fiarte la compra hasta el día de cobro... el sábado.
La niña que fui recuerda sin demasiado detalle conversaciones sobre médicos del seguro, fármacos gratis, excesos de lo mismo e incluso intoxicaciones gracias a la automedicación.
Es un recuerdo –casi pareciera inventado– sobre el impacto del “nacimiento” de la seguridad social en la vida cotidiana, la salud y la educación de toda esa gente trabajadora, gente que nunca creyó que la factura del médico o esas recetas de medicinas “tan baratas” cuando las recogían en la farmacia ya estaban pagadas anticipadamente con el sudor semanal de sus frentes... Gente que tenía que ir al médico de pago para compulsar el diagnóstico del médico el seguro "que era gratis"...
Gente que decía, voy al de pago, que no es gratis, por lo tanto... debe ser bueno.
Tengo 56 años y pese al vértigo, esto que cuento está ahí guardado desde hace 50 años... más o menos.
Después, mucho más después, cuando ya había asimilado que fuese el médico  bueno o malo, yo me curaba los resfriados con caldo de cebolla y zumo de limón..., empecé a oír la expresión de lo caro que le resulta a la SS el pago de las medicinas o lo carísimo que le iba a resultar a la administración sufragar las pensiones de los trabajadores en activo, acompañado de la expresión “los jóvenes tendrán que trabajar para los viejos”. Cada vez que oía semejante combinación de palabros, se me abrían las carnes, y abiertas siguen,  e indignadas
Hace un año tuve que pasar por una baja larga y con curas ambulatorias  diarias (cada dos o tres días) y tenía que hacerlas entre las tres y las cuatro. Cuando llegaba a la planta baja
del ambulatorio siempre había un grupito de personas maqueadas con pretensiones de elegancia profesional matizada por una cierta dejadez en forma de arrugas en las chaquetas y peinados algo “desgalichaos”. Pregunté a mi enfermera quienes eran esa manada de “buitres” y me confirmó tal cual que si, que lo eran, que eran los vendedores de las farmacéuticas y confirmó también mi impresión sobre el grupo animal al que pertenecían...
Vendedores de primicias, nada de genéricos, claro está, y ofertillas tales como viajes a tal o cual paraíso de playas y escorts, etc etc. etc. para medicos y demás... También me aclaró que no todos los médicos caían en el trapicheo. Y la creí, conozco a más de un* de los medic*s del ambulatorio y captas en seguida que clase de plumaje les corresponde.
El trato es indispensable para eso... pero honrados hayl*s, lo juro, tal cual  Escarlata juró no volver a pasar hambre ni pasar por oficinas de caridades varias...
Más tarde, mis padres, ya bastante fastidiados de salud,aunque todavía pueden ir al ambulatorio me explicaron porque cada mes regalaban una caja de gelocatiles o de suero o de... tal o cual cosa a las vecinas o a mí o a M.
Me explicaron como funciona la receta de los crónicos y entendí qué significaba la escena  de una señora mayor yendo con carrito a la farmacia a recoger un montón de "cosas "de las cuales probablemente usaría solo un par y parte de ella.
El negocio de las Farmacéuticas, de los médicos prevaricadores, de la ignorancia, de la comodidad, de más vale que zuzobre que zu farte... un gran negocio muy entretenido.
Hice algo de pedagogía con mi señora madre y ahora ya no acumula gelocatiles que no va a usar... y que la SS le paga a las farmacéuticas mientras el Dr. Talicual se baña en una playa de Santo Domingo sin pasar por más caja que la de seguir recetando y manteniendo el sistema de “crónicos” que gastan en euros lo que no consumen y acumulan o regalan a sus vecin*s o niet*s en el mejor de los casos.

Que está muy chuliguay pagar un eurito por receta, porque la pagarán los mismos de siempre, mientras se le pagan –y se les deben en algunos casos– facturas astronómicas a las Farmacéuticas (+intereses de demora y toa esa mierda)  y a los despachos de las farmacias por el exceso de gasto que ELL*S mism*s, los grandes distribuidores potencian, generan y fuerzan... con sus recetas de crónicos, sus vacunas inservibles  y sus mangoneos con el miedo de sus "clientes" fijos, obligados, indiscutibles.

Uno más de esos engaños





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